Español

LA PASCUA (A)

Fiesta de la Resurrección del Señor

Sábado, 11 de abril de 2020   

Dios quiere la resurrección para nosotros.

En el evangelio de hace dos semanas, leímos de la resurrección de Lázaro, y hoy leemos de la resurrección de Jesús.  ¿Hay diferencia entre la nueva vida de Lázaro y la nueva vida de Jesús? ¡Absolutamente sí!

Lázaro volvió a la vida que conocía antes de morir.  Jesús pasó a una vida completamente nueva, transformada, glorificada.  Por eso, debemos distinguir: la vida de Lázaro fue una revivificación; la vida de Jesús fue una resurrección.

Dios quiere para nosotros la resurrección, mientras que estamos satisfechos con la revivificación.  

Queremos que todo vuelva a lo que teníamos y conocíamos antes—a lo normal—en lugar de ver y experimentar una nueva vida y sus posibilidades. 

Muchas veces la vida anterior fue una vida buena, y precisamente por eso la queremos de nuevo.  Lázaro y sus hermanas estaban contentos con que él había vuelto a lo normal.

¿No estamos esperando lo mismo ahora?  ¿No deseamos que se acabe este tiempo extraordinario en que vivimos—este tiempo de la pandemia—para volver a lo que teníamos antes?  ¿Volver a trabajar, volver a la escuela, volver a la Misa?

Extrañamos la Misa, pero cuando venir a Misa fue algo normal, veníamos por costumbre, por hábito, hasta por rutina.  Ahora, por no poder venir a Misa, tenemos una nueva apreciación del valor de la Misa y la comunidad que se reúne aquí para la Misa y su importancia en nuestras vidas.  ¿Queremos perder esto y volver a Misa por rutina?

Nuestra salud.  Estamos mucho más conscientes de la fragilidad y el valor de nuestra salud.  ¿Queremos volver a lo normal de descuidar la salud o queremos seguir manteniendo—no, mejorando—nuestra salud?

Nuestras familias.  He escuchado de muchos de ustedes que han descubierto —o redescubierto—cómo orar en familia, cómo comunicar y dialogar como familia.  ¿Queremos dejar esto para volver a lo “normal” del pasado?  

Lázaro fue revivificado: volvió a lo normal de su vida anterior—su familia y su trabajo.  Eso no fue malo, pero él murió de nuevo.

Jesús fue resucitado: entró en una vida transformada, y ya no muere más.

Dios quiere la resurrección para nosotros.  Quiere un nuevo y mejor futuro, mientras que quedamos satisfechos con volver a lo normal del pasado.

English

THE VIGIL OF EASTER (A)

Feast of the Resurrection of Jesus Christ

Saturday, April 11, 2020   

God wants resurrection for us.

The gospel reading of two Sundays ago was the account of Jesus raising his friend Lazarus from the dead, and today we hear of Jesus himself being raised from the dead.  Is there a difference between the new life of Lazarus and the new life of Jesus? Indeed, there is!

Lazarus returned to the life he knew before his death.  He was resuscitated. Jesus entered a completely new—a transformed and glorified—life.  His was a resurrection.  

God promises us resurrection.  We settle for resuscitation.

We want things to return to the way they were before instead of seeing the possibilities for a new and transformed life now as well as hoping for life in the hereafter.

Often enough, a return to the way things were before is good, which is why we’re content with it.  Certainly, Martha and Mary, not to mention Lazarus himself, were happy to have him back the way he was before.

Because a return to that life before is good, often we fail to see the possibilities of true resurrection, and we settle for resuscitation.

Aren’t we all in these days waiting—hoping—to return to normal?  But let’s think about that.

We miss being able to go to Mass!  But when going to Mass was normal, it was custom, habit, even routine.  We took it for granted. Is that what we want to go back to, or do we want to return to the Eucharist with a new and renewed appreciation for what we have?  

Our health.  We are so much more conscious of how fragile and valuable our health is.  Do we want to go back to ignoring our health or do we want to take care of, maintain—no, improve —our health?

Our families.  I have heard from many of you that you’ve discovered—or rediscovered—how to pray as a family and how to communicate as a family.  Do we want to set that aside in order to return to “normal”?

Lazarus’s resuscitation was a return to normal: he returned to his former life—his family, his work.  That wasn’t bad, but he died again.  

Jesus’s new life is resurrection: a new and transformed life.  

God wants resurrection for us, and we settle for resuscitation.