Artículo del boletín del 29 de junio del 2014

Artículo del boletín del 29 de junio del 2014

ESTEBAN POR IGUAL… Esta semana los EE.UU. celebran el 4 de julio: Día de la Independencia. «Independencia» es otra palabra para la libertad. Más literalmente, en este día lo que recordamos y celebramos es que las trece colonias, que llegaron a ser los Estados Unidos de América, declararon su independencia de Gran Bretaña el día 4 de julio de 1776. Pero la libertad es mucho más que libertad política. La libertad también es una virtud cristiana. «Ustedes fueron llamados para gozar la libertad,» escribió San Pablo a los gálatas [5:13a]. ¿Qué es la libertad? ¿Qué significa? Para algunos, pero ciertamente no para los cristianos, la libertad es una licencia individualista: Puedo hacer lo que me dé la gana cuando me dé la gana. Esta «libertad» es esclavo de los deseos e impulsos del momento y es extremadamente peligroso. Consciente de esta interpretación, Pablo pronto agregó al versículo que cité arriba: «No hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne» [5:13b]. En un libro que el Papa Francisco dijo que «me ha hecho mucho bien,» el Cardenal Walter Kasper escribe: «Libertad que es consciente de su propia dignidad siempre respetará la libertad de los demás. Será en solidaridad con su libertad y resistirá por ello. Libertad, por lo tanto, no es “la libertad de los demás,” sino “libertad con y para los demás.” Libertad se realiza en la justicia, que todo el mundo da su debida. Libertad presupone que todos los demás respetarán su propia libertad. Tal modo presupone un sistema de justicia que es, al mismo tiempo, un sistema regulado de la libertad» [La misericordia: Esencia del evangelio y clave de la vida cristiana]. Y, ¿qué es la justicia? Normalmente la justicia se defina como dar a cada uno lo debido, pero muchas veces esto suena como castigar. Las cortes, los jueces, las cárceles, y las prisiones son partes de lo que se llama «el sistema de justicia criminal,» sistema cuyo propósito es castigar a criminales. ¿Qué se debe a los que no son criminales? ¿Qué es lo debido al ser humano como ser humano? Sobre todo, la justicia requiere que cada persona reconozca la dignidad del otro. Lo que se debe al otro debido a su dignidad son el respeto personal, la aceptación personal, y el cuidado personal. El Cardenal Kasper dice que «uno puede entender a la justica como la medida mínima del amor y el amor como la medida plena de la justicia.» Aquí cito a San Pablo una vez más, pero con los versículos enteros de Gálatas 5:13–14: «Ustedes, hermanos y hermanas, fueron llamados para gozar la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne; más bien, háganse...

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ESTEBAN POR IGUAL… Sept. 15, 2013

ESTEBAN POR IGUAL… Sept. 15, 2013

Quizás no hay otra parábola de Jesús más conocida que la que oímos hoy: la parábola del Hijo Pródigo.  Pero nombramos mal la parábola, porque el verdadero pródigo es el padre, no el hijo menor. El diccionario dice que «pródigo» quiere decir «disipador, gastador» o «muy dadivoso.»  Es la primera definición que da a la parábola el nombre del «Hijo Pródigo» porque el hijo menor disipó y malgastó la herencia que había recibido de su padre.  Pero según el segundo sentido de la palabra—«muy dadivoso»—el padre es el pródigo.  ¿Por qué?  Porque da generosamente de su amor, su cariño, y su perdón.  Hasta da demasiado, según el primer hijo y según costumbres y prácticas tradicionales.  ¿Cuál padre, después de que su hijo no podía esperar la muerte de su padre para recibir su herencia, trataría a su hijo como lo trató el padre en la parábola?  ¿Cuál padre celebraría la avaricia, la falta de respeto, y la tontería de su hijo con una fiesta?  ¡Hasta le devuelve el anillo que significa el poder de las cuentas de la casa! Nuestro Dios es el «Padre Pródigo.»  Nos cuesta entender —como ni el hijo menor ni su hermano mayor podía entender —que el amor de Dios lo conquista todo, aun el pecado y la muerte («Tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida» [Lucas 15:32]).  Somos de «cabeza dura», como dijo Dios a Moisés de su pueblo en la primera lectura [Éxodo 32:9].  Y lo que dijo San Pablo en la segunda lectura de sí mismo podemos decir de nosotros mismos: «Dios tuvo misericordia de mí…y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí» [1 Timoteo 1:14].  Que la gracia de Dios «se desbordó» quiere decir que Dios es un «pródigo», que Dios es muy dadivoso. Con regularidad escucho en mi oficina o en el confesionario a uno que dice, «No sé si Dios me perdonará o no…»  Si Dios perdonó a los israelitas su idolatría (primera lectura), y si Dios perdonó a Pablo su blasfemia y su violencia contra la iglesia (segunda lectura), y si Jesús nos narra la parábola del perdón de un padre a un hijo que le había insultado y ofendido tanto (el evangelio), ¿cómo es que creemos que nuestros pecados son tan grandes y tan malos que en nuestro caso Dios ha llegado a su límite y no nos perdonará?  Pablo escribió a Timoteo que él (Pablo) era «el primero» de los pecadores, y la gracia de Dios se desbordó sobre él, y escribió en otra carta a los romanos, «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» [5:20].  ¡Siempre hay más gracia que pecado!  Y si vamos a creer lo que Jesús dijo...

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ESTEBAN POR IGUAL… Sept. 8, 2013

ESTEBAN POR IGUAL… Sept. 8, 2013

«Esclavos, obedezcan a sus amos» [Colosenses 3:22; Efesios 6:5].  ¡Ahí está!  ¡La Biblia aprueba la esclavitud! Pero, no hay cristiano que crea que la esclavitud sea legítima.  Pero, si la Biblia permite la esclavitud, ¿cómo que ya no lo permitimos—más aun, que la condenamos?  Buena pregunta. Parte de la explicación está en la segunda lectura de hoy.  La carta de San Pablo a Filemón consta de solamente 25 versículos, y por eso hoy es el único domingo de los tres años de los ciclos de lecturas en que la leemos.  Pablo escribe desde la prisión, donde aparentemente conoció, evangelizó, y bautizó a un esclavo llamado Onésimo.  Pablo devuelve a Onésimo a su amo, Filemón, con la carta que se lee hoy.  La carta dice que Onésimo podría ser muy útil para Pablo en su propio trabajo, pero puesto que Onésimo pertenecía a Filemón, Pablo no quería quedarse con él sin permiso.  Por eso Pablo se lo devuelve a Filemón, añadiendo que se lo envía «ya no como esclavo, sino algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo.»  Y más: «Si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.» ¿Cómo esclaviza uno a su hermano (o hermana)?  ¿Puede uno tener a su hermano como esclavo o a su hermana como esclava?  Si Filemón debe recibir a Onésimo como a Pablo, ¿cómo podría Filemón encadenar a Onésimo?  ¿Esclavizaría a Pablo?  ¡Claro que no!  Entonces, aunque Pablo no diga, «La esclavitud es mala» (él aceptaba la esclavitud como la institución cultural que era en aquellos días),  sí dice que: «El hombre que tú pensabas que era tu esclavo es en verdad tu hermano amadísimo.»  Esto lo cambia todo.  Toda relación humana se transforma bajo la luz de Cristo.  Por eso Pablo puede decir en otra carta: «Ya no se hace diferencia entre judío y griego, entre esclavo y persona libre, entre hombre y mujer.  Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús» [Gálatas 3:22]. La Iglesia gradualmente (¡demasiado gradualmente!) llegó a ver que aunque la Biblia no condena explícitamente la esclavitud, las actitudes que deben tener los cristianos si pertenecen a Cristo no permiten que una persona esclavice a otra.  Aunque la Biblia no condena la misma esclavitud, la Biblia condena las actitudes y los valores que hacen posible la esclavitud, y la Biblia enseña otros valores y actitudes que hacen imposible la esclavitud. Así tenemos que tratar otros textos bíblicos.  ¿Podemos distinguir entre lo que son prácticas culturales del día y los valores cristianos que deben juzgar tales prácticas?  Por ejemplo, unos pocos versículos antes de los citados arriba sobre la esclavitud, las cartas a los efesios y a los colosenses dicen que las esposas deben someterse a...

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ESTEBAN POR IGUAL… Sept 1, 2013

ESTEBAN POR IGUAL… Sept 1, 2013

La semana pasada oímos, «Hay gente que ahora son últimos que serán los primeros, y en cambio los que ahora son los primeros serán los últimos.»  Esta semana, «El que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado.»  Recordamos la oración de María: «Dios sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes» [Lucas 2:52]. Desde el Éxodo—cuando Dios liberó a los hebreos de la esclavitud en Egipto—hasta la vida y el ministerio de Jesús, Dios levanta a los humildes, defienda a la viuda, protege al huérfano, rescata a los oprimidos, libera a los cautivos, y alza a los pobres. En la parábola de hoy, Jesús no está hablando de cómo debemos comportarnos en la mesa sino de cómo debemos vivir nuestras vidas.  Si nuestro orgullo o las circunstancias de la vida nos ha colocado en un puesto más alto en la vida, el remedio—la humildad—no es bajar a nosotros tanto como elevar a otros para que todos se gocen de la dignidad que Dios intenta para todos, y para que compartan de los frutos de la tierra y los dones de Dios. En su conferencia en Puebla, México, en 1979, los obispos de América Latina articularon este principio bíblico como «la opción (o amor) preferencial por los pobres.»  Aunque la expresión es de origen reciente, la verdad de ella no lo es.  El Papa Juan Pablo II dijo que «es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia« [Sollicitudo rei sociales, par. 42].  ¿Qué es la opción preferencial por los pobres? Primero, mientras que hay varias formas de ser pobre, el término se refiere a los que son económicamente pobres, los que viven con hambre, miseria, u opresión.  Segundo, «preferencial» quiere decir preferir, no excluir.  Quiere indicar qué—o quién—debe ser el recipiente de nuestro cuidado.  ¿Ama una madre a su hijo enfermo más que al sano?  No, pero un niño enfermo requiere más atención, y en este sentido, una preferencia sobre los otros hijos.  La necesidad del niño tiene prioridad.  Así la necesidad de los pobres debe ser la prioridad.  Tercer, la palabra «opción» no quiere decir «opcional.»  «Optar» es escoger, y para cristianos escoger a los pobres no es opcional. Se trata de un aspecto esencial de la misión de la iglesia en el mundo, un elemento constitutivo del evangelio.  La cristiandad no está completa sin la opción por los pobres.  Cuarto, la opción por los pobres es, dijo Juan Pablo II citando al Papa Pablo VI, la «obligación de la solidaridad» con los pobres, arrimándose a los pobres en...

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